Manzoor Ahmed

El doctor Ahmed es asesor principal del Instituto de Desarrollo Educativo de la Universidad de Brac. Estuvo presente en Belém en calidad de experto de la UNESCO. Marina Silva, indígena brasileña, nacida en paupérrimas condiciones familiares, ha logrado salir adelante: gracias a su participación en el Programa Nacional de Educación de Adultos fue alfabetizada y luego realizó exitosos estudios universitarios. En 2002 fue nombrada ministra del medio ambiente y actualmente es senadora. Su historia infunde valor: aun cuando de seguro no todos los participantes en campañas de alfabetización llegarán a obtener un título universitario, en todos los casos la educación de adultos contribuirá a mejorar las condiciones de vida de la persona. El doctor Ahmed es asesor principal del Instituto de Desarrollo Educativo de la Universidad de Brac. Estuvo presente en Belém en calidad de experto de la UNESCO.

Asumamos la verdad sobre la alfabetización


Marina Silva, senadora brasileña y ex Ministra del Medio Ambiente, analfabeta hasta los 16 años, trabajó como criada para financiar sus gastos mientras seguía cursos de educación de adultos y estudios universitarios.

Belém, Brasil. Esta capital provincial de la región amazónica, situada en el estado nororiental de Pará, fue sede de la Sexta Conferencia Mundial de Educación de Adultos (CONFINTEA VI), que tuvo lugar entre el 1 y el 4 de diciembre de 2009.

En la sesión inaugural de la conferencia, la senadora Maria Marina Silva, una indígena brasilera del estado occidental de Acre, miembro de una familia de recolectores de caucho con 11 hijos y analfabeta hasta los 16 años, narró la simbólica y sobrecogedora historia de su lucha para superar la maldición del analfabetismo y la pobreza.

Huérfana de madre desde los 14, atrapada en la pobreza extrema y víctima frecuente de malaria y hepatitis, Marina decidió que la única manera de escapar de una vida de interminable miseria y desesperación era convertirse en monja. Sin embargo, descubrió que no podía hacerlo a menos que fuera una persona alfabetizada.

Marina viajó a la capital provincial de Río Branco y se matriculó en un curso del Movimiento Brasileño de Alfabetización (MOBRAL), el programa nacional de educación de adultos. Con férrea determinación, mientras trabajaba como criada para sustentarse, Marina completó la educación equivalente a la secundaria. Asistió a la Universidad Federal de Acre y a los 26 años se graduó con un título en historia.

Marina llegó a ser organizadora de un movimiento de trabajadores de una plantación de caucho, además de activista en favor de los derechos de los indígenas y la conservación de la selva tropical del Amazonas, la que se encuentra en rápido proceso de extinción y en la mira de agricultores industriales y empresas madereras nacionales y multinacionales. Fue elegida diputada estadual en 1992, y más tarde, en 1995, se convirtió en la senadora más joven de Brasil, con tan solo 37 años.

Tras la victoria del Presidente Lula en Brasil, en 2002 Marina fue designada Ministra del Medio Ambiente. Con todo, su postura sobre la protección de la selva tropical y los derechos de los habitantes de la Amazonía resultó intolerable para los intereses comerciales y agrícolas del país, incluso en una era de floreciente democracia. Marina Silva renunció a la cartera en 2008, pero continuó ejerciendo como senadora y se convirtió en un personaje emblemático para los activistas medioambientales.

Alta, delgada y juvenil a sus 51 años, con voz teñida de un matiz luchador, su historia ha servido tanto de inspiración como de símbolo del arduo combate que deben librar los desposeídos, a quienes también se priva de la alfabetización. Su ejemplo ha evidenciado, asimismo, los desafíos que deben afrontarse en lo referente a programas de alfabetización y educación de adultos. En una generación de aproximadamente 3.000 niños y niñas contemporáneos a Marina en Seringal Bagaçao, la aldea de 320 familias de trabajadores de plantación donde creció, ella fue la única que logró permanecer en los programas de educación de adultos y continuar sus estudios en la universidad.

Desde que en 1949 tuvo lugar la primera conferencia internacional en la ciudad danesa de Elsinor, los representantes de los distintos gobiernos y otros actores comprometidos en la promoción de la educación de adultos se han reunido aproximadamente cada 10 años para evaluar la situación e intentar trazar los cursos de acción futura. La Primera Ministra Sheikh Hasina fue una de las oradoras principales durante la última reunión celebrada en Hamburgo en 1997. Esta vez también asistió el Ministro de Educación Primaria y Masiva, M. Motahar Hussain.

 

Marina Silva
Fuente: Ueslei Marcelino/AP

 

 

 

 

 

El mundo ha cambiado radicalmente en las últimas seis décadas, lo mismo que las ideas y expectativas con respecto a educación, aprendizaje y alfabetización de adultos. Hoy en día se reconoce que satisfacer las necesidades de aprendizaje de jóvenes y adultos, complementando la prestación de educación formal, constituye un desafío fundamental para el desarrollo personal y el progreso de la sociedad, además de una cuestión asociada a los derechos humanos y la dignidad. Diversos acuerdos internacionales, como los Objetivos de Desarrollo del Milenio y Educación para Todos (EPT), al igual que numerosas constituciones nacionales, respaldan esta postura.

Como acertadamente ha señalado el educador brasileño Paulo Freire, la alfabetización tiene que ver con la lectura del «mundo», y no de la «palabra». Paradójicamente, la importancia dada a la alfabetización ha motivado el lanzamiento de campañas y «movimientos» improvisados, aunque sus promotores sostienen que ese ha de ser el primer paso en un proceso de aprendizaje permanente, no formal y a lo largo de toda la vida.

En la mayoría de los casos, el resultado de estas campañas no es más que una familiarización pasajera con el alfabeto o con el acto simbólico de escribir nuestra firma. Nada más alejado del concepto de Freire sobre la lectura del mundo, el desarrollo de la conciencia crítica, el uso de conocimientos e información para transformar la propia vida y el compromiso con la profundización del aprendizaje.

En 1997, durante el último gobierno de la Liga Awami, se puso en marcha un programa de alfabetización conocido como Movimiento por la Alfabetización Total (Total Literacy Movement – TLM), que procuraba alfabetizar a 18 millones de personas en cinco años. En 2000, se declaró oficialmente que la tasa de alfabetismo adulto había alcanzado el 65 %, siendo la cifra estimada inicial de 40 %. El nuevo gobierno del Partido Nacional de Baluchistán (Balochistan National Party – BNP) continuó desarrollando el programa, respaldado por las estadísticas presentadas, pero no pudo preciarse de lograr nuevos avances. La corrupción y la escasez de resultados motivaron la suspensión del programa en 2003.

Education Watch, un grupo independiente de investigación, llevó a cabo en 2002 una evaluación por muestreo a nivel nacional sobre aptitudes de lectura y escritura, usando reconocidas técnicas de investigación. Los resultados arrojaron que el 41 % de la población mayor de 15 años poseía un nivel elemental (menos que funcional) de aptitudes de lectura, escritura y cálculo; y sólo un 20 % contaba con habilidades que podían considerarse funcionalmente útiles para desenvolverse en la vida.

Esta situación no se presenta sólo en Bangladesh. La tasa de alfabetismo oficial de India, por ejemplo, es de 65 %. Brij Kothari, profesor de comunicaciones del Indian Institute of Management de Ahmedabad, ha realizado estudios aplicando una metodología similar a la empleada por Education Watch. A partir de muestras obtenidas en cuatro estados donde se habla hindi, Kothari descubrió que sólo el 26 % podía leer un texto simple de 35 palabras en dicho idioma. Los componentes del restante 27 % podían considerarse «lectores incipientes», pues eran capaces de leer con titubeos pero sin entender demasiado (International Review of Education, noviembre de 2008).

La medición simplista, casi sin sentido, de las aptitudes de lectura y escritura a partir de autoinformes (comúnmente, el propio individuo responde si es o no capaz de leer y escribir una carta), por lo general como parte de censos de población efectuados cada diez años, ha favorecido la adopción de criterios poco rigurosos en la evaluación del alfabetismo.

No tiene sentido etiquetar a las personas como alfabetas o analfabetas, porque las aptitudes de lectura, escritura y cálculo deben ser consideradas como parte de un flujo continuo de habilidades, desde las más básicas hasta las más avanzadas. Para un individuo el alfabetismo se convierte en sostenible (es decir, no corre el riesgo de recaer en el analfabetismo) y funcionalmente útil para su vida sólo cuando ha superado en alguna medida el nivel básico.

La UNESCO, el organismo responsable de establecer estándares de evaluación y de supervisar el progreso alcanzado en materia de alfabetización, periódicamente acepta datos gubernamentales basados en autoinformes. Según la UNESCO, actualmente existen en el mundo 776 millones de adultos analfabetos. «Dicha cifra por lo menos se duplicaría si se aplicaran métodos y criterios de medición razonables», opina David, un conocido investigador en educación de adultos que trabaja en ActionAid. Archer señala, asimismo, que la inclusión de varias tasas basadas en niveles de habilidades adquiridas y sus correspondientes cifras sería la manera más adecuada de representar el mencionado flujo continuo de habilidades.

 

 

Participantes de REPEM
Fuente: Claudia Ferreira

Los participantes en la CONFINTEA VI admitieron el difícil dilema que deben afrontar aquellos países con altas tasas de analfabetismo. En el Marco de Acción de Belém, aprobado por unanimidad el 4 de diciembre pasado, se comprometieron a

«formular propuestas de alfabetización pertinentes y adaptadas a las necesidades de los educandos, de modo que puedan adquirir conocimientos, habilidades y competencias funcionales y sostenibles que les posibiliten seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida».

El Marco de Acción de Belém también estipula que todas las investigaciones y recopilaciones de datos deben «reconocer el carácter continuo de la alfabetización». Para ello se requiere que los logros de quienes aprenden a leer y escribir sean

«reconocidos mediante métodos e instrumentos apropiados de evaluación».

El recientemente electo gobierno de Bangladesh, en cumplimiento de su promesa de campaña, tiene planeado lanzar un programa de alfabetización para «erradicar el analfabetismo» antes de 2014. Si bien el espíritu de la promesa es digno de admiración, corre el riesgo de reducirse a un simbolismo populista y absurdo, por los motivos ya descritos anteriormente. La negativa experiencia del TLM no debiera repetirse.

Resulta fundamental que: a) los objetivos y metas para 2014 se definan integrando a los educandos en un proceso de aprendizaje sostenible y pertinente que continúe con posterioridad a esa fecha; b) se desarrolle una estructura institucional en fases para la educación a lo largo de toda la vida, que adopte la forma de redes de centros de aprendizaje comunitario polivalentes y permanentes facilitados por el gobierno local en asociación con organizaciones comunitarias y no gubernamentales; y c) se garantice la calidad y pertinencia del programa de aprendizaje, velando por que el contenido y materiales de estudio sean adecuados, los profesores se sientan motivados y estén debidamente preparados, y se evalúen debidamente los resultados.

Es muy probable que un programa de alfabetización de adultos que sea fiable, dentro un marco de educación a lo largo de toda la vida, logre atraer recursos del Fondo de la «Iniciativa de Vía Rápida» para la EPT, establecido por los donantes como una forma de respaldar este objetivo.

Evidentemente, no se espera que todos quienes participen en un programa de educación de adultos vayan a emular a Marina y obtener un título universitario. Aun así, cualquier programa que se precie de tal ha de garantizar que las personas adquirirán el máximo posible de conocimientos y competencias para mejorar sus oportunidades en la vida.