Auma Obama “No nos den pescado. No nos enseñen a pescar. ·Pregúntennos si comemos pescado!”

Entrevista a cargo de Dr Anton Markmiller & Ruth Sarrazin, DVV International
Fotografías de Bert Heinzlmeier

La Dra. Auma Obama se crió en Kenia. Estudió filología alemana y sociología en Alemania, a lo que se suma un doctorado obtenido en la Universidad de Bayreuth. Luego, al retornar a Kenia, trabajó durante cinco años para la organización internacional de ayuda CARE, donde coordinó la iniciativa llamada “Deporte para el Cambio Social”. A través de su fundación, Sauti Kuu, continúa trabajando en favor de niños y jóvenes desfavore cidos. Conversamos con ella sobre el desarrollo económico sostenible, sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, así como sobre la necesidad de desarrollar un nuevo concepto de cooperación internacional. Estaba acompañada por dos jóvenes de su fundación, Kennedy Odour Omondi, beneficiario del programa y dirigente juvenil, y Dan Joshua Odour, coordinador de proyectos sobre el terreno para el programa rural.
 



Dra. Auma Obama, usted ha estado trabajando durante muchos años con niños y niñas y personas jóvenes. En 2010 usted fundó la organización Sauti Kuu. Cuéntenos sobre su emprendimiento.

Fundé Sauti Kuu porque deseaba hacer algo en favor de la juventud. Quería darles una perspectiva de futuro y ayudarles de una manera sostenible. Mientras trabajé para la organización internacional de ayuda CARE, nos concentramos en el trabajo con las organizaciones locales de base y sin ánimo de lucro, a fin de potenciar sus capacidades y ayudarles a elaborar programas eficaces centrados en el deporte como motivador de cambios positivos en el comportamiento. Trabajé con Boxing Girls Eastleigh (Chicas Boxeadoras de Eastleigh), Moving the Goalpoast (Cambiar las Reglas del Juego) y Kenya Homeless Street Soccer (Fútbol Callejero para Jóvenes sin Techo de Kenia), por nombrar solo algunas organizaciones. Si bien estas iniciativas resultaron ser muy provechosas, tenía la sensación de que necesitábamos hacer más por estos jóvenes. Quería ayudarles a transformarse en adultos independientes: independientes en su manera de pensar, pero también económicamente, factor este último que reviste enorme importancia. Sentía que nuestro trabajo estaba inconcluso mientras no alcanzásemos esta meta. Si se desea erradicar la pobreza, que es una de las principales aspiraciones de los ODM, debemos hacerlo de manera sostenible. En lo que a mí respecta, yo deseo ayudarles a estos jóvenes a transformarse en adultos aptos para ser contratados. Todo gira en torno al desarrollo económico sostenible. La organización Sauti Kuu se concentra en el desarrollo de la personalidad, en la educación formal y en la formación profesional, y en nuestra labor involucramos a las familias de los jóvenes y a toda la comunidad.

La expresión swahili Sauti Kuu significa “voces poderosas”. ¿Por qué escogió ese nombre?

Cuando nos damos cuenta de la potencia de nuestra propia voz y del efecto que puede tener, adquirimos una percepción distinta de nosotros mismos; podemos expresarnos y adoptar posturas frente a temas que nos conciernen. Solo entonces podemos tomar decisiones respecto de nuestra vida. A través de Sauti Kuu pretendo dotar a los jóvenes de una voz poderosa para que hagan uso de la palabra y contribuyan a definir su posición en la sociedad.

¿Podría darnos un ejemplo concreto?

Hemos construido un centro juvenil, un lugar de encuentro seguro. Comenzamos por invitar a los jóvenes a participar desde un primer momento en el proceso de diseñar el espacio y elaborar un concepto en el que se inspire el uso de dicho espacio. Ellos participaron conscientemente en la construcción de su propio espacio seguro.

Kennedy Odour Omondi (dirigente juvenil, Fundación Sauti Kuu,): Nos costó comenzar, pues no contábamos con un lugar donde reunirnos. Nos reuníamos literalmente a la sombra de un árbol. Ahora que el centro ya está construido, nos reunimos con regularidad y estamos en condiciones de analizar nuestros desafíos, debatir sobre nuestros problemas y aspiraciones en un entorno seguro y confortable. Nos reunimos para aportar ideas sobre aspectos sociales y económicos que afectan a nuestra comunidad y discutimos sobre las posibilidades de transformar la aldea.

Dan Joshua Odour (coordinador de proyectos sobre el terreno, Fundación Sauti Kuu): Al participar en el proceso de concepción del centro los jóvenes afron taron inicialmente algunas dificultades. Pero poco a poco fueron aprendiendo a discutir, a tomar decisiones sobre sus aspiraciones. El proceso en general fomentó su autoconfianza. En un comienzo trabajamos con un grupo muy reducido de alrededor de diez jóvenes. Pero el número de integrantes está aumentando con rapidez. La comunidad también ha acogido el centro de manera favorable. Los padres les permiten a sus hijos acudir al recinto pues saben dónde están y que se encuentran en un lugar seguro, sin drogas ni violencia…

Queremos que los jóvenes se ocupen ellos mismos de los asuntos que les conciernen. Por ejemplo, sus familias suelen poseer terrenos, pero no los cultivan. Los jóvenes pueden ayudarles a sus padres a generar ingresos explotando las tierras que les pertenecen. Nuestro lema reza: Aprovecha lo que tienes para obtener lo que necesitas. Lo que importa no es lo que quieres, sino lo que necesitas.

En el 2015 concluirá formalmente el proceso gradual asociado a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). ¿Qué piensa usted de este proceso de alcance mundial?

Veo muchos avances positivos y percibo que los ODM han tenido un impacto efectivo. Pero hay dos aspectos que en mi opinión no han recibido la debida atención: Una estrategia de salida asociada a la educación superior y la empleabilidad de personas que abandonan los sistemas de educación formal e informal para incorporarse a la fuerza de trabajo. Con justificada razón el interés se centró mayormente en la educación de la primera infancia, pero desgraciadamente no se dedicó suficiente atención a lo que ocurría al otro extremo del espectro, es decir, a preguntarse qué ocurre cuando las personas abandonan el sistema educativo.

En segundo lugar, la responsabilidad sobre el logro de los ODM recayó de manera excesiva en las naciones occidentales. La estrategia aplicada incluía condiciones según las cuales, como un parámetro de credibilidad, los gobiernos recibían asistencia a cambio de cooperar con organizaciones y países occidentales. Nuevamente el mundo de los países “en desarrollo” fue relegado a un segundo plano al momento de contribuir al desarrollo de su propio patio trasero, ajustándose en gran medida al concepto tradicional de desarrollo.

El antiguo sistema neocolonialista…

A mi juicio, de hecho aún puede apreciarse cierto grado de neocolonialismo en las relaciones entre el Hemisferio Norte y el Hemisferio Sur. Pero este sistema no podrá seguir funcionando si nuestro objetivo es alcanzar un desarrollo real y sostenible que favorezca a todos los países del mundo. Es necesario un cambio. Debemos modificar nuestra perspectiva sobre las maneras de asociarnos mutuamente. Debemos colaborar en un mismo plano, debemos dialogar en igualdad de condiciones a fin de definir los conceptos que son realmente eficaces. Occidente no siempre cuenta con las soluciones idóneas para los problemas del Hemisferio Sur. Occidente debe aprender a actuar con humildad. Siempre digo: “No nos den pescado. No nos enseñen a pescar. ·Pregúntennos si comemos pescado!” Solo cuando esta pregunta haya sido contestada podremos decidir si vale la pena hablar sobre el pescado y la pesca. Solo entonces podremos determinar conjuntamente el curso que seguirá el diálogo.

El mundo está cambiando, ”achicándose”, y los antiguos modelos ya no funcionan. Los países del mundo occidental están afrontando actualmente problemas realmente graves, similares a los nuestros: consideremos, por ejemplo, el desempleo juvenil, las desigualdades sociales, las catástrofes naturales, etc. Debemos trabajar en forma mancomunada y preguntarnos: ¿Qué podemos hacer en conjunto para lograr el cambio? Debemos escucharnos los unos a los otros y permitir que cada cual haga oír su voz.

El mundo debe prestar atención a África, pues en África se encuentra el futuro; poseemos gran parte de los recursos naturales del planeta. Disponemos, igualmente, de una gran cantidad de personas con un buen nivel educativo, jóvenes como Kennedy y Dan, quienes de pronto se han preguntado: “¿Por qué los países occidentales nos dicen lo que tenemos que hacer?” Los gobiernos africanos tampoco podrán escudarse en conceptos obsoletos de cooperación para el desarrollo. Es preciso que valoremos nuestros propios países y asumamos responsabilidades. Y debemos hacerlo por nuestra cuenta.

Numerosos autores en este número de Educación de Adultos y Desarrollo hablan de la educación como de un derecho humano. ¿Comparte usted esta visión?

La educación debe ser considerada un derecho humano. Ahora bien, debemos saber qué se entiende por “educación”. Debemos entender la educación como un concepto más amplio: educación formal e informal para personas de todas las edades, para niños y niñas, jóvenes y adultos. Si pretendemos que la educación adquiera la condición de derecho humano, debemos tomarla más en serio. Y no me refiero solo a los alumnos, sino también a los educadores. Con frecuencia los maestros carecen de cualificaciones suficientes, no cuentan con los materiales necesarios y no reciben un sueldo digno. Confiamos nuestro bien más precioso, nuestros hijos, a personas a las que les pagamos una miseria y esperamos que los preparen para el futuro. Si no ha sido adecuadamente concebida, la educación puede causar tanto daño como beneficio. En consecuencia, lo primero que debemos hacer es desarrollar nuestros sistemas de educación ciñéndonos a los estándares más exigentes; solo entonces podremos plantearla como un derecho humano. Porque ¿qué sentido tiene asignarle el carácter de derecho humano si no es una educación de calidad?

Dra. Obama, le agradecemos la entrevista.
 

De izquierda a derecha: Ruth Sarrazin, Dan Joshua Odour, Dr. Anton Markmiller, Dra. Auma Obama y Kennedy Odour Omondi