La historia de Tony, Irlanda

¿A qué edad aprendió a leer y escribir?

Comencé a aprender a leer y escribir hace tres años. Ahora tengo 56. Hace tres años se me ofreció la oportunidad de estudiar en un curso vespertino gratuito, como parte de un trabajo que estaba realizando a nivel local. Me inscribí en un curso de informática en el Centro de Educación de Adultos de Youghal, y ese fue el verdadero comienzo para mí. Uno de los monitores notó que yo tenía dificultades para leer y deletrear, por lo que con su apoyo decidí tomar clases individuales de alfabetización.

¿Por qué no aprendió cuando niño?

Nací en Blackpool, Cork, en el sur de Irlanda, y era el menor de seis hermanos. Solo tenía 7 años cuando mi padre falleció en la década de los sesenta. Al igual que muchos niños de mi generación, me quedé rezagado en la escuela primaria, ya que en mi clase había 57 alumnos. Abandoné tempranamente los estudios y me conseguí un empleo de aprendiz de pintor y decorador. Comencé por postular a un cargo en Pfizer en Cork, y logré avanzar hasta la segunda entrevista, pero fui eliminado debido a mis dificultades de lectura y escritura.

¿Qué fue lo que más le costó al aprender en la edad adulta?

Vivía con el constante temor de que me fueran a descubrir. Cuando trabajé como taxista, parte de mi trabajo consistía en tomar nota de direcciones e instrucciones que recibía a través de la radio. Como no estaba capacitado para esa tarea, me compré un dictáfono para salir del paso, grabando los mensajes cuando me llegaban y volviendo a escucharlos después en el aparato. Si no podía leer los letreros, le preguntaba a alguien. Al poco tiempo, ya había memorizado todos nuestros clientes y sus direcciones. También trabajé durante un período en el negocio de los bares, pero siempre me costó ocuparme de las labores de oficina. En esa época prácticamente estaba aprendiendo a leer por mi cuenta, comparando las etiquetas de las botellas con los nombres en los formularios de pedido. Pero, de todos modos, siempre me sentía angustiado al relacionarme con abogados y con bancos, o al ocuparme de cualquier trámite oficial. Constantemente flotaba sobre mí una sensación de enorme temor ante la posibilidad de que me pidieran leer algún documento.

¿Qué ha significado el aprendizaje para usted? ¿Cómo ha cambiado su vida?

Ya no tengo miedo de decirle a otra persona: “lo siento, no puedo leer lo que dice aquí. ¿Podría leérmelo?”. Desde que asisto a los cursos de educación de adultos, todo ha cambiado. Volver a estudiar me ha servido de inspiración y me ha empoderado. Me faltan elogios para referirme a los monitores del centro de educación de adultos local. Ellos me han transmitido la confianza para emprender cualquier cosa. Incluso ahora soy representante de otros alumnos en el Subcomité de Estudiantes de la Agencia Nacional de Alfabetización de Adultos, lo cual me enorgullece. Espero que otras personas tengan la oportunidad de volver a estudiar y que los recortes no afecten a la educación y la capacitación.

¿Qué les diría a otros adultos que no saben leer ni escribir?

Vayan y pidan ayuda. Averigüen dónde se encuentra el organismo que puede prestarles ayuda. Las clases me han ofrecido una magnífica oportunidad para producir un enorme cambio en mi vida. Después de un año y medio de trabajar junto a mi monitor, me uní a una clase a la que asistían otros diez adultos. Ha sido una experiencia fantástica. Hemos estado juntos por dos años y en este momento todos estamos en el tercer nivel de educación postsecundaria. Hemos vivido experiencias similares y nos ayudamos mutuamente. Nos divertimos mucho.

 

 

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