Maria Margarida Machado

Maria Margarida Machado
Profesora titular en la Unversidad Federal de Goiás
Brasil

 

 

 

 


Educación de Adultos y Desarrollo: ¿Qué habilidades y competencias necesitamos para sobrevivir en el futuro?

Maria Margarida Machado: Cuando analizamos las perspectivas futuras, según las cuales la humanindad desempeñará un papel protagónico en su propia historia, construyendo juntos un mundo mejor, me parece que, si pensamos en las cualidades que se nos exigirán a cada uno de nosotros para sobrevivir, ellas serán la aptitud y la competencia para percibirnos, en primer lugar, como sujetos activos en este proceso. Para que esto ocurra, es necesario que conozcamos la realidad de la que formamos parte y comprendamos el papel transformador que ejercen cada persona y la colectividad en aquellos momentos de permanencia y ruptura que cambian la historia. Si deseamos saber cuál es la realidad que nos corresponde, es preciso que, entre otras cosas, analicemos lo que hicimos en el pasado y lo que estamos haciendo en el presente con nuestra vida, considerada como espacio de sociabilidad y naturaleza. Fuera de la autocrítica, la actitud, la iniciativa y la determinación resultan fundamentales si se desea producir los cambios necesarios para afrontar los desafíos que se plantean sobre la base de ese análisis. Identificar los éxitos obtenidos y los problemas causados por la manera en que vivimos, convivimos y nos apoderamos de los recursos naturales, es la condición intrínseca para sobrevivir en el futuro, como lo fue en diversas experiencias humanas que nos han precedido. 

¿Cómo podemos adquirirlas?

Me parece que el aprendizaje se produce cuando hay acceso al conocimiento y a la actitud. Tiene lugar como aprendizaje individual o colectivo, y en nuestra relación con la naturaleza. Es obvio que el aprendizaje es resultado de un esfuerzo individual, ya que sin éste no puede ocurrir. Con todo, no es posible reducirlo a iniciativas y actitudes aisladas, pues cuando se trata de vivir y sobrevivir, la dimensión colectiva es fundamental para consolidar el acceso al conocimiento ya producido, y para generar nuevos conocimientos. Lo mismo puede afirmarse en relación con las actitudes, ya que en una sociedad donde la postura de una persona es la construcción de su realidad, ello no va a ocurrir de manera individualizada, porque los cambios que produce la historia requieren acciones colectivas. Desgraciadamente, la humanidad no siempre ha puesto en práctica la capacidad de saber y la competencia para actuar de manera coherente, ya que con frecuencia percibimos entre nosotros menos sujetos y más objetos de la historia, si tenemos en cuenta la total ausencia de los conocimientos necesarios para actuar de otra manera, o incluso el proceso de acomodación cuando afrontamos los desafíos que plantea el aprendizaje.

¿Quién debería impartirlas?   

Los espacios en los que tiene lugar el aprendizaje son múltiples. Comenzando por la unidad familiar, con todas sus diversas configuraciones en la actualidad con respecto a las necesidades básicas para sobrevivir y vivir de las personas, desde que nacen hasta que mueren. Pasando por los diferentes grupos que ejercen durante toda nuestra vida un papel fundamental al ayudarnos a acceder a los conocimientos o a generarlos; lo mismo vale para nuestras actitudes. De ellos podemos destacar las instituciones formales de enseñanza, que deben estar a disposición de todas las personas, desde la infancia y durante toda la vida adulta, ya que contienen un legado de conocimientos y de procesos de aprendizaje necesarios para generar una existencia material e inmaterial: nuestras instituciones culturales y religiosas que abordan esos conocimientos desde una dimensión que trasciende lo inmediato, desafiándonos a aprender con imaginación y sensibilidad; las organizaciones sociales de clase, sindicatos, y una diversidad de asociaciones y movimientos en los que los conocimientos y la acción contribuyen a consolidar los temas históricos sobre la base de una agenda definida.