ECM, el Seminario Virtual y los Juegos Olímpicos

Timothy Ireland es profesor asociado de Educación de Adultos en la Universidad Federal de Paraíba, en João Pessoa (Brasil). Entre 2004 y 2007 ocupó el cargo de Director Nacional de Educación de Adultos en el Ministerio de Educación, y entre 2008 y 2011 trabajó para la UNESCO como coordinador de la CONFINTEA VI. Desde el 2013 ha sido miembro del consejo editorial de la revista Educación de Adultos y Desarrollo.

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ireland.timothy@gmail.com


Usted se preguntarán qué tienen que ver entre sí Educación para la Ciudana Mundial, el Seminario Virtual del ICAE (Consejo Internacional de Educación de Adultos) y los Juegos Olímpicos. Escribir desde Brasil en estos momentos (agosto de 2016) es prácticamente imposible sin hacer alguna alusión a los Juegos Olímpicos que en estos momentos están teniendo lugar en Río de Janeiro. El espíritu olímpico debería tener muchos elementos en común con el concepto de ciudadanía mundial. La mayoría de los deportistas más destacados son hoy en día ciudadanos del mundo, y al mismo tiempo los recintos deportivos se transforman en escenarios cada vez más globalizados. Lamentablemente, los Juegos Olímpicos tienen cada vez más que ver con una globalización competitiva que con una globalización solidaria, si bien hemos sido testigos de algunos conmovedores ejemplos de esta última, como el ofrecido por las atletas estadounidense y neozelandesa que chocaron entre sí y cayeron juntas durante uno de los momentos más álgidos de la carrera de 5.000 metros femeninos, pero luego se ayudaron mutuamente para poder llegar a la línea final. Sin embargo, otros ejemplos de parcialidad por parte de los espectadores demuestran cuán lejos estamos de forjar una auténtica cultura de globalización solidaria. El trato que el público, en su mayoría brasileño, dispensó a Renaud Lavillenie, campeón francés de salto con pértiga, en la última ronda de esta competencia y durante la ceremonia de premiación, careció absolutamente de espíritu deportivo. Este tipo de reacciones sugieren que el espíritu deportivo no es una reacción espontánea, sino más bien una actitud que debe aprenderse en las escuelas y otros centros de aprendizaje. Mucho se ha escrito y hablado sobre la necesidad de que un país o una ciudad deban prepararse adecuadamente para ser anfitriones de los Juegos Olímpicos. Por lo general, se hace hincapié en aspectos como la comunicación, la infraestructura, el transporte, la seguridad y la vigilancia, y se presta mucho menos atención a la necesidad de invertir en políticas educativas que generen actitudes de cooperación y colaboración, no solo en calidad de sede de un torneo de carácter verdaderamente mundial, sino además, y lo que es aun más importante, como una preparación para la vida en general. En numerosos países, este espíritu de cooperación y colaboración brilla por su ausencia del sistema formal de educación, en el cual se favorece la competencia, la evaluación y la rivalidad entre alumnos y escuelas. Las evidencias sugieren que esos otros valores son más característicos de procesos inspirados por el espíritu de la educación popular, y se adquieren gracias al compromiso con movimientos sociales que asignan máxima prioridad a la justicia social, la igualdad entre los géneros, la solidaridad y el desarrollo sostenible. Es este espíritu de aprendizaje comunitario participativo y colaborativo el que proporciona el fundamento para una ciudadanía mundial comprometida y para una comprensión intercultural. La inspiración original de los Juegos Olímpicos exige, también, este tipo de entendimiento y buena voluntad a nivel internacional de parte de los deportistas y del público. Si el objetivo es formar ciudadanos verdaderamente mundiales, la educación que requerimos para el mundo al que aspiramos deberá incluir nuevos modelos de mercados justos y desarrollo sostenible.