Shirley Walters

“Las habilidades que se necesitan para cambiar un país (y el mundo)”

Entrevista realizada por Johanni Larjanko


Shirley Walters durante una conferencia en Hamburgo. © UIL

Shirley Walters es directora fundadora de la División de Aprendizaje a lo Largo de la Vida de la Universidad del Cabo Occidental de Sudáfrica. Desde 1986 ejerce el cargo de ­profesora de educación de adultos y educación permanente, y como tal cuenta con un gran número de publicaciones sobre temas relacionados con el género, la educación popular, la educación comunitaria, el aprendizaje a lo largo de la vida en la educación ­superior, las regiones de aprendizaje y la educación para la democracia. Es miembro del directorio del Consejo Internacional de Educación de Adultos (ICAE).


¿Cómo se prepararon ustedes en las décadas de 1970 y 1980 para el período posterior al apartheid? ¿Qué tipo de habilidades y competencias pensaron que serían necesarias para esta etapa?

Hubo muchas formas distintas de concebir el futuro. Muchos de nosotros estuvimos involucrados en organizaciones de la sociedad civil y en departamentos universitarios de educación de adultos profundamente comprometidos con el movimiento contra el apartheid. Apoyábamos a las comunidades locales en la lucha por sus derechos, y lo hicimos de distintas maneras. Yo he estado vinculada a la Universidad del Cabo Occidental durante treinta años. Esta casa de estudios era conocida como una “universidad combativa”. Muchos programas y procesos en materia de educación de adultos estaban muy comprometidos con los movimientos sociales. Recuerdo una conferencia que celebramos en 1989. En ese entonces no teníamos idea de lo que estaba sucediendo entre bastidores. Es decir, no sabíamos que el Gobierno había comenzado a negociar con Mandela y otros actores, tanto en el país como en el exterior. No teníamos la menor idea de cuán rápido iban a tener lugar los cambios. Así pues, en aquella conferencia comenzamos a pensar en el futuro. Las personas se atrevieron a preguntar qué iríamos a hacer una vez que asumiésemos el poder. Qué haríamos respecto del VIH/SIDA. Ese fue el momento en que mis colegas y yo comenzamos a tomar conciencia de que estaba teniendo lugar un cambio en la manera de proyectar el futuro. No siempre iríamos a ser necesariamente oposición. Las personas se atrevieron a pensar que algo distinto podría suceder. Paralelamente, a finales de la década de 1980 y al iniciarse la de 1990 surgieron cada vez más centros de estudios, en su mayoría organizados y liderados por el Congreso Nacional Africano (CNA) en el exilio, que analizaban las políticas que estimaban adecuadas para el futuro. Activistas y académicos dedicaron enormes esfuerzos a tratar de concebir un nuevo marco político. En esa iniciativa participaron el Congreso de Sindicatos de Sudáfrica, numerosos movimientos sociales, así como académicos universitarios.

A comienzos de la década de 1990 hubo un cambio en el sentir popular y las personas comenzaron a pensar “¿qué es lo que podríamos desear para el futuro?” También la educación de adultos fue un tema prioritario. Debimos reconocer que la educación de adultos hasta entonces había sido enormemente desatendida. Teníamos la esperanza de que se comenzase a reconocer a la alfabetización y la educación básica de adultos como herramientas importantes para la reconstrucción de Sudáfrica. Muchas personas dedicaron tiempo y esfuerzos a discutir y debatir estos temas. Hubo una amplia labor de cabildeo así como intentos por aclarar nuestra postura e intercambiar ideas con colegas extranjeros sobre lo que deberíamos tratar de lograr en el futuro.

Teníamos la esperanza de que se comenzase a reconocer a la alfabetización y la educación básica de adultos como herramientas importantes para la reconstrucción de Sudáfrica.

Construir una utopía

En aquellas discusiones sobre la función y la importancia de la educación de adultos, de las habilidades y las competencias, ¿en qué medida se trataba de garantizar que el país pudiese funcionar de manera más igualitaria, y en qué medida se consideraba la posibilidad de construir algo totalmente nuevo, una sociedad nueva, un mundo distinto?

Éramos varias las personas que sosteníamos una postura bastante utópica. Hasta cierto punto se pensaba que debíamos dejar atrás todo lo que conocíamos para construir algo nuevo. Se discutió y se debatió ampliamente sobre la manera de lograr que el sector privado y el Gobierno financiasen la capacitación laboral. Buscábamos fórmulas para atraer recursos financieros al sistema. Fue entonces cuando se creó el fondo para las habilidades, el gravamen a los lugares de trabajo, y así sucesivamente. Al mirar hacia el pasado me doy cuenta de que también nos estábamos conectando, por ejemplo, con el debate general sobre los marcos nacionales de cualificaciones en países como Suecia, Alemania, Nueva Zelanda o Australia. Todas estas ideas nos eran desconocidas, si bien reflejaban lo que las personas trataban de lograr en distintos lugares del mundo. Se invirtieron muchas energías en intentar imaginarse cuáles serían los posibles alcances de algunas de esas ideas.


Su pasión y su compromiso han influido positivamente en la vida de muchas personas y han ayudado a crear una percepción y una conciencia más claras del aprendizaje a lo largo de la vida en todo el mundo. © UIL

Antes de que iniciásemos el debate sobre un Marco Nacional de Cualificaciones, nadie había reflexionado seriamente sobre lo que es una cualificación y quién decide al respecto. En el transcurso de estos debates, las personas comenzaron a tomar conciencia de que las cualificaciones son determinadas por la sociedad. Hasta entonces, solo provenían de Pretoria; era algo similar a una caja negra de cualificaciones. El giro hacia una mayor transparencia del proceso y una determinación conjunta de las cualificaciones fue un paso realmente importante hacia una concepción mucho más amplia de las políticas sobre el conocimiento. En ese entonces no éramos realmente conscientes de la causa en que nos estábamos involucrando, pero sí sabíamos que queríamos dejar atrás el método antiguo, que era absolutamente autoritario.

Cuando las cosas no salen bien

Terminamos desarrollando un sistema que muchos consideraron excesivamente complejo y burocrático. Creamos diferentes comunidades para poner en práctica dicho sistema. Si alguien, por ejemplo, consideraba que se debería establecer un certificado sobre violencia de género, se creaba un grupo dependiente de la Autoridad Sudáfricana de Cualificaciones. Este grupo, a su vez, creaba conjuntamente un certificado sobre cómo combatir la violencia de género. Ello derivó en una proliferación de cualificaciones. Me parece que fue como un péndulo que terminó oscilando demasiado lejos en una dirección. Contábamos con varios centenares de cualificaciones, todas las cuales habían sido desarrolladas de manera perfectamente democrática. Luego comenzamos a ocuparnos de la demanda de estas cualificaciones, la capacidad institucional para ofrecerlas efectivamente, etc. No se destinaron los mismos esfuerzos a crear las instituciones que pudiesen requerir estas cualificaciones, de manera que desarrollamos un sistema complejo que la gente consideró muy confuso. Durante los últimos doce años ha tenido lugar un proceso de simplificación para lograr que el sistema adquiera un carácter funcional. Al comienzo hubo un gran entusiasmo que pudo haber cambiado la manera en que concebimos las cualificaciones, y apoyado todas las formas de participación, pero no ocurrió así. Faltó una base institucional.

"Terminamos desarrollando un sistema que muchos consideraron excesivamente complejo y burocrático."

Muchos se esforzaron por tratar de entender qué demonios significaba esta transición de la oposición al poder, cómo se podría practicar una política distinta, qué habilidades se requerían para ejercer el liderazgo. Pero todo ello toma mucho tiempo. Éramos muy diestros en nuestra labor como opositores, pero no necesariamente igual de hábiles al ejercer el poder. De manera que tuvimos que aprender, y el cambio tuvo su precio. Durante esta fase de transición, una cantidad considerable de organizaciones de la sociedad civil perdieron su vitalidad, y también se redujo su base de afiliados; no hubo más dinero para apoyarlas. Una vez formado el nuevo gobierno, muchos de nuestros antiguos camaradas se negaron a apoyar a la sociedad civil. Cundió la convicción de que el gobierno debía realizar todo el esfuerzo. Se plantearon nociones contrapuestas con respecto a lo que era el Estado y a cuáles serían sus obligaciones. Perdimos muchos de nuestros interesantes y progresistas enfoques para trabajar con la sociedad, por ejemplo en materia de alfabetización. Solo en los últimos cinco a diez años se han comenzado a retomar algunas de esas posturas. Vemos que el Gobierno no está proveyendo lo necesario, por lo que debemos recuperar nuestras ideas de aquel entonces. Entre la población de Sudáfrica crece la convicción de que no podemos depender solo del Gobierno.

"Entre la población de Sudáfrica crece la convicción de que no podemos depender solo del Gobierno."


Shirley Walters es nombrada miembro honorario del UIL en Hamburgo. © UIL

Alfabetización, lectura y escritura

Luego está el tema de nuestra percepción de lo que hay que hacer. El debate sobre la alfabetización suele ser simplista y se ve reducido a la contraposición entre alfabetismo y analfabetismo. Pero lo cierto es que el tema es mucho más complejo.

Sin duda. Puesto que durante largo tiempo he sido una activista feminista preocupada por los temas del género, considero que la alfabetización es un tema contextual. No se aprende en un espacio vacío. La alfabetización les ofrece a las mujeres la posibilidad de salir de casa y encontrarse con otras mujeres. Este contexto social les infunde confianza, entre muchos otros beneficios. Pero la lectura y la escritura son solo una parte de ello. Cuando formalizamos esas iniciativas en un sistema de educación básica de adultos que entrega las correspondientes cualificaciones, nos damos cuenta de que la demanda es bastante reducida. Nuestro sistema de enseñanza de segunda oportunidad no está al alcance de los más pobres de los pobres, de las personas con el mínimo nivel de instrucción. En mi opinión, no hemos progresado como sociedad en lo referente a nuestra concepción de la alfabetización, que continúa siendo bastante elemental.

Nuestro planeta se está calentando. Persisten las desigualdades sociales, económicas y de género. ¿Qué debemos hacer, como especie, para hacer posible un mundo distinto?

Precisamos un cambio sistémico, no climático. Si, por ejemplo, analizamos el cambio climático, veremos que por lo general se lo aborda con un criterio estrecho y muy técnico. Se hace especial hincapié en la tecnología, y no en las personas. Debemos intervenir de manera muy asertiva y reformular de manera bastante radical algunos de los paradigmas predominantes. Consideremos, por ejemplo, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): uno de ellos establece un objetivo de crecimiento económico del 7% como noción del mundo en que necesitamos vivir. Si no comenzamos a reformular este objetivo como piedra angular de nuestro debate, entonces tenemos un grave problema. ¿Cuál debería ser el paradigma de crecimiento sostenible? ¿El PIB? ¿O el índice de la felicidad? ¿O algo similar? Esto es lo que debemos discutir. Debemos replantearnos radicalmente el mundo en que vivimos si queremos que lo sigan habitando muchas generaciones futuras.