Si no sabes leer, olvídate de las demás habilidades

Selina Banda
Universidad Abierta de Zambia
Zambia

Daniel L. Mpolomoka
Universidad Abierta de Zambia
Zambia



Resumen
Tiene que llegar el momento en que comencemos a hablar de las habilidades y competencias para la vida y el trabajo. Es muy recomendable hacer una lista de todos los tipos de habilidades cognitivas que necesitaremos tener en el futuro. El hecho de que haya personas que no son capaces siquiera de leer esa lista es un tema que hay que discutir. En este artículo se analizan los motivos por los cuales algunos niños de familias de bajos ingresos no asisten a la escuela en algunas regiones de Zambia, y las medidas que pueden adoptarse al respecto. Los autores se basan en su experiencia como profesores e investigadores en el área de la alfabetización de adultos.


Zambia afronta muchos desafíos en el ámbito educativo. No todos los niños en edad escolar están inscritos en escuelas de enseñanza primaria. Entre ellos hay algunos que no participan en ninguna actividad de aprendizaje. La falta de amparo (entorno familiar) y de suficientes oportunidades de escolaridad son algunas de las principales razones que se aducen para no aprender. En las zonas rurales, algunas comunidades no cuentan con escuelas primarias en las cercanías, por lo que los niños tienen que recorrer a pie enormes distancias diariamente. Para algunos ello supone un obstáculo que dificulta su aprendizaje. En la mayoría de las áreas urbanas suele haber escuelas disponibles en la vecindad. Ellas cuentan con escuelas públicas y privadas que atienden a las necesidades de la mayoría de los niños. Hay escuelas estatales y otras financiadas por actores involucrados en la comunidad que acogen a niños necesitados (por ejemplo, huérfanos, vulnerables y desfavorecidos). Entre las organizaciones no gubernamentales que imparten educación a esos niños se incluyen Development Aid from People to People (DAPP) y Family Legacy. A pesar de estos servicios ofrecidos, no todos los niños están inscritos y aprenden en esas escuelas. Entre los afectados se cuentan niños que por diversas razones no pueden participar en actividades de aprendizaje.

Las más de las veces se trata de una cuestión monetaria. Esos niños se ven obligados a ganar un sustento para mantenerse vivos, por lo que pierden la oportunidad de aprender durante su infancia y acaban transformándose en adultos analfabetos. Esa oportunidad desperdiciada de aprender en la infancia temprana está asociada a una etapa fundamental en el desarrollo humano.


La tragedia del individuo y la tragedia de la sociedad

Una población analfabeta no es solo resultado de desgracias personales. Shaw y McKay (1942) sostienen que, aparte de la falta de regulación conductual, los vecindarios socialmente desorganizados tienden a forjar “tradiciones delictuales” que podrían transmitirse a sucesivas generaciones de jóvenes. Este sistema de actitudes que fomentan la delincuencia representa un peligro claro e inminente para la sociedad. Precisamente por eso estamos tan interesados en el tema.

Se han realizado investigaciones para comprobar los “efectos recíprocos” de la desorganización social (Bursik, 1986) y medir el potencial impacto que los niveles de desorganización social de determinadas comunidades podrían tener en las comunidades vecinas (Heitgerd y Bursik, 1987).

La organización y la desorganización social inciden de diversas maneras en el comportamiento de los jóvenes. Por una parte, los muchachos traspasarán a las generaciones futuras los rasgos de comportamiento que exhiben hoy en día; y por otra, legarán problemas derivados de la unidad o desunión —y de la estabilidad o inestabilidad— de las organizaciones familiares.

¿Por qué no están aprendiendo?

La falta de hogar es uno de los principales factores que dificultan el acceso de los niños a la educación primaria. Cada vez más muchachos de entre 6 y 14 años de edad en las zonas urbanas de Lusaka carecen de hogar. La mayoría de ellos frecuentan el mercado de la ciudad, el mercado de Soweto, la zona comercial del centro urbano, el centro comercial de Kamwala, las principales calles al interior de Lusaka y otros lugares de negocios de la capital de Zambia. Es común ver a niños deambulando por las calles pidiendo dinero a los transeúntes para comprar productos esenciales. Algunos de ellos terminan dedicándose al hurto. Al no tener un hogar adonde ir, se ven obligados a buscar los medios para valerse por sí mismos. Tal parece que la población de estos muchachos sigue aumentando, pues algunas madres también viven en las mismas calles, que acaban transformándose en el hogar de dichos menores. Puesto que las madres siempre van acompañadas de sus hijos al mercado para pedir dinero, casi nunca están en casa. Muchos de esos niños no asisten a la escuela, porque pasan todo el tiempo en las calles, zonas comerciales y áreas mercantiles en busca de alimentos y otros artículos esenciales.

Ganar dinero primero, aprender después

Algunos de los niños de las zonas rurales de Katete se dedican a actividades comerciales como una manera de prepararse para el futuro, pero a costa de no asistir a la escuela. Ya a los 6 años de edad algunos empiezan a arrear ganado. Pactan contratos para trabajar por un período de tres o cuatro años, durante el cual no pueden alejarse para asistir a la escuela primaria. Trabajan para recibir a cambio una manada de reses al finalizar el contrato. Algunos de los muchachos abandonan su hogar para irse a vivir con los dueños del ganado, mientras que otros permanecen junto a sus padres o tutores mientras trabajan. Algunos deciden dejar de arrear ganado tras finalizar el primer contrato, en tanto que otros deciden negociar un nuevo acuerdo laboral para poder acumular dos vacas. Los que arrean ganado bajo un solo contrato tienen más posibilidades de entrar a la escuela en una época temprana, a la edad de 9 ó 10 años, que quienes aceptan dos contratos. Para cuando concluye el segundo contrato, los muchachos ya tienen 11 o 12 años, demasiado mayores para ingresar al primer año. Algunos de los niños crecen hasta convertirse en adultos analfabetos por falta de tiempo en sus primeros años de infancia, lo cual les impide acceder a la enseñanza primaria.

El analfabetismo que afecta a los “niños”

El analfabetismo impone obstáculos. Incapacita a una persona y la priva de la posibilidad de integrarse de manera significativa al mundo del aprendizaje y de contribuir a la sociedad. Las personas excluidas no pueden obtener provecho de la educación. Los niños de zonas rurales y urbanas tienen distintas reputaciones. Mientras que los muchachos de zonas rurales trabajan como una forma de prepararse para el futuro, los de zonas urbanas viven de limosnas y de hurtos para financiar sus bienes de consumo inmediato. Los muchachos urbanos carecen de un futuro definido, a diferencia de sus pares rurales, que tienen un hogar adonde regresar tras terminar la jornada de trabajo.

Los niños de zonas rurales se preparan tempranamente para la vida y tienen hogares estables. Los padres cumplen un papel importante al velar por sus hijos mientras transitan hacia la vida adulta. Por ejemplo, en las zonas rurales los padres incentivan a sus hijos para que se consigan un terreno (o parcela) de labranza. Cuando un muchacho alcanza la mayoría de edad, se le asigna un terreno agrícola donde pueda construir su hogar. Los muchachos trabajan para poder también construir más adelante otros hogares para su futura familia. Junto con ello se les inculcan los conocimientos tradicionales. Los padres hacen participar a sus hijos en los “ritos de iniciación”, y les entregan los conocimientos necesarios para que puedan desenvolverse en la sociedad. Sin lugar a dudas, esos niños tendrán la oportunidad de adquirir habilidades de alfabetización básica y funcional en su vida adulta.

En cambio, algunos niños de zonas urbanas provienen de un medio social en el que carecen de un hogar. La ruptura de los sistemas de familia ampliada ha contribuido en gran medida a la difícil situación en que viven estos menores. Las investigaciones (UNICEF, 1997; Shorter y Onyancha, 1999; Liyungu, 2005) indican que los niños de zonas urbanas abandonan su hogar para pedir dinero en las calles y así comprarse lo que desean; adoptan una actitud de rebeldía contra sus padres y tutores. Su única preocupación consiste en sobrevivir en las circunstancias inmediatas y tomar las cosas como vengan. Ello los transforma en seres inestables, lo cual explica su comportamiento impredecible. Como medio de sobrevivencia, suelen involucrarse en actividades contrarias a la moral. Crecen en un ambiente en el que carecen de los recursos básicos para formar su propio hogar, y menos aún para adquirir los conocimientos y habilidades que resultan tan necesarios para el trabajo y la práctica.

Causas del analfabetismo de adultos

Cuando los niños no logran acceder a la educación primaria, llegan a transformarse en adultos analfabetos. Al carecer de los recursos básicos para sobrevivir, no pueden dar prioridad al objetivo de aprender a leer y escribir. Por el hecho de vivir en lugares inestables e inadecuados para establecer un hogar, al final no son considerados entre las personas que necesitan recibir ciertos servicios como educación preescolar y primaria. Puesto que los destinatarios carecen de un hogar o de un lugar de trabajo, a los proveedores de educación les resulta difícil planificar programas de educación que permitan ayudar a estos niños. Tampoco es fácil hacerles llegar recursos destinados a mitigar su deplorable situación. Así pues, nos encontramos frente a una realidad doblemente invalidante. Por una parte, cuando resulta difícil identificar a potenciales adultos analfabetos, la probabilidad de que ellos lleguen a la mayoría de edad sin saber leer ni escribir es muy alta. Por otra parte, mientras no se aborden las causas fundamentales del analfabetismo, este seguirá siendo un problema generalizado.

Cuando los niños optan por dedicarse a arrear ganado, a costa de no recibir educación preescolar y primaria, quedan en desventaja al no aprender a leer y a escribir, amén de no adquirir otras habilidades necesarias en la edad adulta. Si se les permite crecer sin asistir a la escuela primaria, acaban transformándose en analfabetos. Si no se implementan programas especiales destinados a inculcarles a esos niños habilidades de lectura, escritura y aritmética, y a ofrecerles formación profesional, seguirán siendo funcionalmente analfabetos.

Una vez que llegan a la adultez, comienzan a asumir obligaciones que les exigen mayor dedicación, como la de proveer el sustento para su nueva familia. Debido a estas circunstancias, algunos de esos adultos jóvenes continúan viviendo como analfabetos. Se trata de una realidad típica en la que viven actualmente muchos niños de comunidades rurales y urbanas de Zambia.

Desarrollo de habilidades y competencias para distintas ocupaciones

Los “niños que trabajan y los que viven en la calle” necesitan apoyo para desarrollar habilidades que les serán útiles en la vida y en las ocupaciones a las que les interesa dedicarse. También precisan adquirir nociones de lectura, escritura y aritmética, al igual que competencias profesionales, a fin de desarrollar capacidades cognitivas que les servirán para mejorar sus medios de subsistencia. Las habilidades de lectura, escritura y aritmética constituyen una herramienta básica que les ayudará a adquirir mayor confianza y a desarrollar sus competencias en las actividades productivas a las que decidan dedicarse. En este caso, las habilidades se refieren a comportamientos adquiridos que aprovechan las competencias y capacidades de una persona para desempeñar ciertas tareas impuestas por el ambiente en el que vive. Estas habilidades solo resultan viables cuando las aplicamos de manera competente en nuestra vida. Por tanto, las competencias denotan “un patrón medible de cocimientos, habilidades, capacidades, comportamientos y otras características que un individuo requiere para desempeñar satisfactoriamente tareas laborales o funciones profesionales” (Washington State Human Resource, s/f).

Los niños necesitan adquirir habilidades adaptadas al contexto, que respondan a sus necesidades. Necesitan aprender a leer y escribir, al igual que recibir formación profesional, para así poder mejorar sus medios de subsistencia. Olouch (2005) señala la necesidad de inculcar habilidades orientadas a la ocupación, que resultan útiles para potenciar la actividad económica. Esperamos que esta se transforme en una de las modalidades para ofrecerles a esos niños, que deben pasar parte de su niñez arreando ganado, la oportunidad para adquirir nociones de lectura, escritura y aritmética, y recibir formación profesional relacionada con las actividades económicas a las que se dediquen. Lo anterior se explica porque la alfabetización se correlaciona con las habilidades sociales, “lo cual reporta beneficios a largo plazo e influye positivamente en la vida personal, familiar y social de la gente. Permite aumentar el nivel de bienestar de una persona, al igual que la confianza en sí misma, y ayudar a contrarrestar sentimientos de aislamiento o exclusión social” (NALA, 2010:3). La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1999) define las habilidades para la vida como “habilidades para una conducta adaptativa y positiva que permite a los individuos llegar efectivamente a soluciones para las demandas y los retos de la vida diaria”. Es decir, aquellas habilidades que permiten que las personas desarrollen competencias para adoptar medidas que les permitan introducir cambios positivos en su vida. Esas son las habilidades que se requieren para sobrevivir, desarrollar las capacidades y mejorar la calidad de vida.

El aprendizaje también debe realizarse en el lugar donde se desenvuelven los niños, permitiéndoles relacionar los conocimientos adquiridos con sus actividades diarias. De esta manera se preparará el terreno para el aprendizaje experiencial, que ofrece experiencia práctica impartida en un ambiente propicio (OMS, 1999). Asimismo, proponemos que se permita a los niños adquirir una experiencia de aprendizaje propia que se adapte a sus necesidades. Esta puede ser una manera de impartir una educación de utilidad práctica para “los niños que trabajan y los que viven en las calles”. Este enfoque viene a corroborar otra sugerencia de la OMS (1999), en cuanto a que las experiencias de aprendizaje ofrecidas deberían derivar de actividades que despertaran el interés de los muchachos. Por ejemplo, a los niños de zonas rurales que se dedican a arrear reses se les deberían inculcar habilidades relacionadas con la ganadería. Existe, también, la necesidad de identificar lo que los niños que habitan en las calles de zonas urbanas y se dedican a actividades reñidas con la moral pueden hacer para provocar un cambio positivo en su vida.

Hay que preocuparse de que los niños que trabajan y los que viven en las calles adquieran las habilidades básicas necesarias para acelerar el aprendizaje en sus áreas de interés. Esto debería hacerse con la intención de permitirles adquirir un bagaje de conocimientos y percibir lo que desean llegar a ser en la vida. A los niños se les debería hacer comprender y percibir esa adquisición de habilidades como una manera de transformar su vida y de avanzar hacia un futuro integral.

“Las habilidades de lectura,
escritura y aritmética son una herramienta básica que les ayudará a adquirir mayor confianza.

No podemos mantener una actitud expectante mientras estos menores viven sin saber leer ni escribir y carecen de otras habilidades fundamentales para su propio desarrollo. Por eso es necesario intervenir en su realidad para que puedan adoptar estilos de vida y modelos de producción que les permitan sobrevivir social y económicamente. Estos muchachos de las comunidades rurales no participan en la educación porque ésta no parece prometerles los medios de subsistencia esperados. Rogers (2003) concuerda en que, para reportar algunos beneficios, la alfabetización debería ser contextualizada. Los tipos de actividades a las que se dedican las personas deberían infundirles confianza en un futuro sostenible. Las personas necesitan participar en actividades educativas que las alienten a involucrarse y comprometerse en la creación de una sociedad que ofrezca un futuro sostenible.

Debería haber una excepción para aquellas zonas urbanas donde los medios de subsistencia no son estables ni claros, pues en esos casos se requiere aplicar medidas especiales. No hay que subestimar la necesidad de enseñarles a los niños a leer y escribir. Para lograr este objetivo, es menester contar con un entorno favorable, en el cual ellos también puedan adquirir otras habilidades necesarias para forjar sus medios de subsistencia. El objetivo es permitir que los muchachos adopten decisiones informadas sobre actividades para ganarse la vida con las que puedan sustentarse. Aun cuando tanto el Gobierno como otros actores involucrados (particulares, ONG, socios cooperantes) están realizando esfuerzos concertados, es preciso invertir más recursos, de modo que los niños puedan dejar de desperdiciar su vida en actividades que difícilmente les reportan beneficios tangibles.

No podemos permitirnos seguir haciendo la vista gorda frente a la dura realidad en que viven estos niños, pues esa actitud iría en detrimento del desarrollo sostenible. Si no frenamos y revertimos esta situación, es probable que esos mismos niños contribuyan a fomentar el ciclo de analfabetismo y pobreza. Es preciso interrumpir el círculo vicioso del subdesarrollo y prestar atención a los aspectos positivos, partiendo por la inclusión de los niños en programas para inculcar habilidades básicas adaptados especialmente a los ámbitos rurales y urbanos.

Lecciones aprendidas

Todas las actividades educativas deben comenzar por tener en cuenta los intereses y la realidad de los alumnos. El aprendizaje orientado al desarrollo debería basarse y arraigarse en las prácticas culturales de las personas, para así favorecer el predominio de la educación sostenible. El aprendizaje tiene que basarse en la especificidad cultural de la cosmovisión de la gente. Habría que concentrar la atención en la amplia variedad de contribuciones de las personas al proceso de desarrollo. Las maneras en que las personas generan riqueza deberían constituir el punto de partida para emprender programas de desarrollo de habilidades adaptados al fomento de sus medios de subsistencia.

Es necesario promover la cooperación entre las iniciativas para inculcar habilidades y las actividades de producción. El requisito fundamental para garantizar la credibilidad de las habilidades inculcadas es respetar las tradiciones y los estilos de vida de las personas, pues es el primer paso en cualquier proceso de aprendizaje. Los proveedores de educación deberían conocer cabalmente los aspectos culturales de los alumnos, transformándolos en socios y no en meros receptores del aprendizaje.


Referencias

Bursik, R.J. (1986): Ecological stability and the dynamics of delinquency. In A. J. Reiss and M. Tonry (Eds.), Communities and Crime (pp. 35−66): Chicago: University of Chicago Press

Heitgard, J.L. and Bursik, R.J. (1987): Extra community dynamics and the ecology of delinquency. American Journal of Sociology, 92, 775−787

National Adult Literacy Agency. (2010): Adult literacy service in a changing Landscape. Extraído de http;//www.nala.i

Oluochi, A.P. (2005): Low participation in adult literacy classes: Reasons behind it. Adult Education and Development, 65. Extraído de http://www.dvv-international.de/adult-education-and-development/editions/aed-652005/literacy/low-participation-in-adult-literacy-classes-reasons-behind-it/

Rogers, A. (2003): Recent Developments in Adult and Non-Formal Education A Status Report on New Thinking & Rethinking on the Different Dimensions of Education and Training. Extraído de http://www.norrag.org/cn/ publications/norrag-news/online-version/a-status-report-
on-new-thinking-rethinking-on-the-different-dimensions-of-education-and-training/detail/recent-developments-in-adult-and-non-formal-education.html

Shaw, C. R. y McKay, H.D. (1942): Juvenile delinquency and urban areas; A study of rates of delinquents in relation to differential characteristics of local communities in American cities. Chicago: University of Chicago Press

Shorter, A. y Onyancha, E. (1999): Street children in Africa: A Nairobi case study. Nairobi: Paulines Publication Africa

Washington State Human Resource. (n.d): Competencies. Extraído de http://hr. wa.gov/WorkforceDataAndPlanning/WorkforcePlanning/Competencies/Pages/default.aspx

WHO (1999): Partners in Life Skills Education: Conclusions from a United Nations Inter Urgency Meeting, Ginebra

UNICEF (1997): Estado mundial de la infancia


Sobre los autores

Selina Banda es profesora en el Departamento de Educación de Adultos en la Universidad Abierta de Zambia (Zambian Open University – ZAOU), donde imparte cursos sobre educación de adultos, teatro para el desarrollo y economía doméstica. Antes de incorporarse a la ZAOU en 2010, enseñó durante 19 años en escuelas públicas. Posee el grado de PhD en alfabetización y desarrollo. En la actualidad está cursando estudios en un programa conducente al grado de máster en ciencias de la alimentación y nutrición.

Contacto
selina.banda@zaou.ac.zm

Daniel L. Mpolomoka es profesor en la escuela de educación en la Universidad Abierta de Zambia (Zambian Open University – ZAOU). Sus áreas de interés son la educación especial y la educación de adultos. Antes de dedicarse a la docencia universitaria desempeñó el cargo de tutor en escuelas públicas. Fue coordinador de cursos de Proyecto de Red de Compromiso Transformativo de la ZAOU, con el respaldo del Programa de Cooperación Estratégica entre Irish Aid y el Higher Education and Research Institute.

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daniel.mpolomoka@yahoo.com